Tratados comerciales entre Perú y otros países

La desregulación de la inversión extranjera en los TLC y sus posibles efectos en la actividad minera

Ubicación
Publicaciones y Biblioteca Virtual
Autor(es)
Víctor Torres
José De Echave
Análisis de los posible impactos en el sector de la minería en el Perú luego de la firma de los Tratados de Libre Comercio. Análisis de las principales obligaciones que en materia de inversiones tienen estos tratados y sus implicancias en el sector de las industrias extractivas.

Presentación

2 de diciembre de 2025 | Lima, Perú

En el marco de las acciones para fortalecer el monitoreo ciudadano del capítulo de Comercio y Desarrollo Sostenible del Acuerdo Comercial entre la Unión Europea y los Países Andinos, la Red Peruana por una Globalización con Equidad (RedGE) organizó el Foro Público "La situación de la libertad sindical en los países andinos: desafíos para garantizar un trabajo decente en el marco del Acuerdo Comercial entre la Unión Europea y los Países Andinos", un espacio de diálogo e intercambio de experiencias que reunió a representantes sindicales, especialistas, organizaciones de la sociedad civil e instituciones internacionales para analizar el estado de la libertad sindical en la región andina y su relación con los compromisos laborales asumidos en el acuerdo comercial.

La apertura del evento estuvo a cargo de Ana Romero, en representación de RedGE y del Grupo Consultivo Interno (GCI) del Perú, mientras que la moderación fue realizada por María del Pilar Sáenz, de la Fundación Friedrich Ebert (FES Perú) y del Grupo Consultivo Interno de la Unión Europea. Ambas destacaron la importancia de fortalecer los mecanismos de participación de la sociedad civil para promover el cumplimiento efectivo de los derechos laborales y los compromisos internacionales en materia de trabajo decente.

El primer panel abordó el papel de los Convenios Fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la necesidad de garantizar su cumplimiento como condición indispensable para que las relaciones comerciales contribuyan al desarrollo sostenible. Participaron Marialaura Fino, especialista en Normas Internacionales del Trabajo de la OIT para los Países Andinos; Ramiro Vega, representante de UGT–ISCOD (España) e integrante del Grupo de Trabajadores del Grupo Consultivo Interno de la Unión Europea; y Félix Ovejero, de Comisiones Obreras (CCOO-España) y también miembro del DAG de la Unión Europea.

El segundo panel presentó una mirada comparada sobre la situación de la libertad sindical en Ecuador y Colombia, con las intervenciones de Marcela Arellano, secretaria general de la CEOSL y representante del Grupo Consultivo Interno de Ecuador, así como de representantes sindicales colombianas Rosa Flerez (CTC) y Rosalba Gómez (CUT Colombia), quienes compartieron los principales desafíos que enfrentan las organizaciones de trabajadores y trabajadoras en ambos países.

La tercera sesión estuvo dedicada al caso peruano e incluyó la presentación del documento "Diagnóstico sobre la situación de la libertad sindical en el Perú", a cargo del especialista en derecho laboral y sindical José Marcos Sánchez. Posteriormente, el informe fue comentado por Gustavo Minaya, secretario general adjunto de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP); Julio César Bazán, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores del Perú (CUT Perú); y Rubén Galindo, de la Central Autónoma de Trabajadores del Perú (CATP), quienes coincidieron en la necesidad de fortalecer la protección de la libertad sindical, garantizar el ejercicio efectivo de los derechos colectivos y reforzar el seguimiento de los compromisos laborales asumidos por el Estado peruano en el marco del Acuerdo Comercial con la Unión Europea.

El foro permitió generar un espacio de intercambio entre organizaciones sindicales de la región andina, especialistas y actores de la sociedad civil, reafirmando que la libertad sindical constituye un pilar fundamental del trabajo decente y un requisito indispensable para que los acuerdos comerciales contribuyan al desarrollo sostenible, la justicia social y el respeto de los derechos humanos.

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Presentaciones

A continuación, compartimos las presentaciones realizadas durante el foro:

  • Convenios de la OIT sobre libertad sindical y su importancia para garantizar un trabajo decente en las relaciones comerciales entre la Unión Europea y los Países Andinos

    • Marialaura Fino – Organización Internacional del Trabajo (OIT)

    • 📄 Descargar presentación: [Enlace]

  • La situación de la libertad sindical en Ecuador

    • Marcela Arellano – CEOSL / Grupo Consultivo Interno de Ecuador

    • 📄 Descargar presentación: [Enlace]

  • La situación de la libertad sindical en Colombia

    • Rosa Flerez (CTC) y Rosalba Gómez (CUT Colombia)

    • 📄 Descargar presentación: [Enlace]

  • Diagnóstico sobre la situación de la libertad sindical en el Perú

    • José Marcos Sánchez

    • 📄 Descargar presentación: [Enlace]

  • Video completo del foro

Declaración Conjunta suscrita por los Grupos Consultivos de la UE, de Colombia, de Ecuador y de Perú1 establecidos en virtud del Título IX sobre Comercio y Desarrollo Sostenible del Acuerdo Comercial entre la Unión Europea, por una parte, y Colombia, Perú

Documento(s)
Fecha de publicación
Ciudad
Lima

Según lo establecido en el art. 280 del Acuerdo Comercial con la Unión Europea (AC) sobre Mecanismo institucional y de monitoreo, del 01 al 04 de diciembre de 2025 se realizó la reunión del Subcomité de Comercio y Desarrollo Sostenible, y que en mandato de su art. 282, se ha convocado a una sesión pública con organizaciones de la sociedad civil y el público en general, a fin de llevar a cabo un diálogo sobre asuntos relacionados con el Título IX sobre Comercio y Desarrollo Sostenible a realizarse el 04 de diciembre del presente año en la ciudad de Lima.

TLC con Unión Europea: mucho ruido, pocas nueces

A doce años de la entrada en vigencia del Acuerdo Comercial entre Perú y la Unión Europea, el balance revela una brecha notable entre las promesas iniciales y los resultados observados. El tratado no ha producido la transformación económica, social y ambiental que tanto se anunció en el momento de su firma y su ratificación. Por el contrario, sus beneficios han sido acotados, desiguales y, además, acompañados de retrocesos normativos importantes.

En lo comercial, el TLC no ha generado un impacto significativo en el desempeño general del comercio exterior peruano. El intercambio con la Unión Europea no ha mostrado un crecimiento sostenido, y tanto exportaciones como importaciones han experimentado periodos de caída. Aunque la balanza comercial suele ser favorable a Perú, esta tendencia no ha sido constante ni tampoco suficiente para afirmar que el acuerdo impulsó un proceso estable de desarrollo exportador. Incluso el aumento de las exportaciones no tradicionales, que siempre es presentado como un gran logro, no ha ido acompañado de cambios estructurales en la economía peruana ni de condiciones laborales adecuadas.

Un ejemplo emblemático es el agroexportador, que ha crecido en volumen y sobre todo en presencia internacional, pero sin traducirse en mejoras para los trabajadores y trabajadoras, ni para los territorios donde opera. Este crecimiento se apoya en una fuerte precarización del empleo, contratos temporales y obstáculos para la libertad sindical, lo que revela que el “éxito” comercial viene acompañado de profundas desigualdades. A esto se suma el uso intensivo del agua y la presión sobre ecosistemas frágiles, especialmente en zonas afectadas por estrés hídrico, donde las comunidades locales enfrentan los mayores impactos.

«Nada está escrito sobre piedra, y los acuerdos comerciales pueden y deben revisarse hacia un modelo que ponga en el centro a las personas, los territorios y el medio ambiente».

En materia ambiental, el TLC tampoco ha contribuido a fortalecer estándares o garantizar un desarrollo más sostenible. Por el contrario, el Estado peruano ha flexibilizado su normativa ambiental a lo largo de estos años con el fin de atraer inversiones, debilitando la gestión ambiental y reduciendo la protección de los territorios y de los pueblos indígenas. Estas medidas contrastan directamente con los compromisos del acuerdo que señala que ninguna de las partes debe reducir sus niveles de protección ambiental o laboral para favorecer el comercio o la inversión.

Por otro lado, el TLC con la Unión Europea cuenta con un mecanismo de participación de la sociedad civil que tampoco ha funcionado como un espacio real de diálogo o rendición de cuentas. A pesar de los esfuerzos de diversas organizaciones de sociedad civil, el mecanismo ha demostrado ser limitado, poco participativo y con escaso impacto en las decisiones de política pública.

Nadie niega la necesidad del comercio. Pero lo cierto es que la política comercial, tal y como se viene implementando, es una política de espaldas a la gente. Pero nada está escrito sobre piedra, y los acuerdos comerciales pueden y deben revisarse hacia un modelo que ponga en el centro a las personas, los territorios y el medio ambiente. Repensar este tipo de acuerdos es una tarea urgente para garantizar que el comercio no se construya a costa de los derechos y del bienestar de las poblaciones más vulnerables.

 

 
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Perú: una política ambiental cada vez más debilitada

Pese a los compromisos asumidos en diversos espacios internacionales, el Estado peruano viene debilitando sistemática y progresivamente su política de protección ambiental, a través de reformas legales regresivas, una débil implementación de políticas públicas y una falta de voluntad política para enmendar errores. Esta situación no solo vulnera tratados internacionales de derechos humanos, su propia Constitución política y su normativa interna, sino que coloca al país en una situación de incumplimiento respecto de sus obligaciones asumidas en el marco de sus principales acuerdos comerciales internacionales, como el suscrito con la Unión Europea en 2013.

El acuerdo comercial con la Unión Europea incluye cláusulas específicas que obligan a los países a garantizar altos niveles de protección ambiental, asegurar el manejo sostenible de los recursos forestales; intensificar sus esfuerzos frente al cambio climático; asimismo, prohíbe reducir las salvaguardas ambientales y, explícitamente, flexibilizar la legislación ambiental con el objetivo de incentivar el comercio o la inversión. Sin embargo, estos compromisos vienen siendo incumplidos.

Uno de los ejemplos más evidentes de ello es la aprobación, en enero de 2024, de la Ley 31973, que modificó la Ley Forestal y de Fauna Silvestre, para trasladar la competencia de la zonificación forestal, del Ministerio del Ambiente al Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego, pese a las advertencias técnicas del propio Estado y de organismos internacionales. Además, suspendió por tres años la exigencia de contar con zonificación forestal para otorgar títulos habilitantes y abrió la puerta a la legalización de deforestaciones no autorizadas en predios privados[1]. Si bien en marzo de 2025, el Tribunal Constitucional peruano declaró fundada en parte una demanda de inconstitucionalidad contra esta ley, en esencia la validó, pese al peligro que sigue representando para la conservación de los recursos[2].

Estas modificaciones, que generaron un debilitamiento profundo del sistema de protección de los bosques, fueron aprobadas, además, sin consulta previa a los pueblos indígenas, a pesar de los impactos directos sobre sus territorios, y en un claro desacato a las obligaciones contenidas en el Convenio 169 de la OIT. Diversas organizaciones indígenas, académicas y de la sociedad civil, así como organismos internacionales, alertaron sobre el impacto de esta nueva normativa en el incremento de actividades ilegales, el aumento de la deforestación y de la violencia contra personas defensoras ambientales, en un contexto donde más de 30 líderes indígenas han sido asesinados en los últimos.

A ello se suma la debilidad estructural del Estado en materia de trazabilidad y fiscalización del sector maderero. Por ejemplo, desde 2018 la Unidad de Inteligencia Financiera ha advertido que este es un sector altamente informal, vulnerable al lavado de activos y con fuerte presencia de economías ilícitas como la tala ilegal, la minería ilegal y el narcotráfico[3]. La limitada fiscalización estatal en zonas de difícil acceso facilita la convergencia criminal y compromete la capacidad del país para demostrar el origen lícito de sus productos forestales, exigencia fundamental de acuerdos comerciales como el suscrito con la Unión Europea.

«Resulta imprescindible que los mecanismos del acuerdo comercial con la Unión Europea sean activados para exigir, con participación de la sociedad civil, el cumplimiento de los compromisos ambientales asumidos»

Al mismo tiempo, el gobierno peruano ha promovido regulaciones orientadas a “reducir la tramitología” ambiental para acelerar proyectos de inversión, debilitando el Sistema Nacional de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA). Así, entre 2023 y 2024 fueron aprobadas normas reglamentarias que disminuyen los estándares de evaluación ambiental, lo que resulta más grave en un país que aún cuenta con más de 6,000 pasivos ambientales no remediados[4]. Una de estas normas suspendió el procedimiento único de certificación ambiental, con lo que durante dos años se dejó al Estado sin un instrumento clave, debilitándose la capacidad de control en proyectos de alto riesgo ambiental. Este tipo de flexibilizaciones se dio en directa contravención de la cláusula del acuerdo comercial con la Unión Europea que prohíbe reducir los niveles de protección ambiental para facilitar inversiones.

El Estado peruano tampoco ha cumplido con sus compromisos en materia de cambio climático, pese a haber asumido metas ambiciosas en sus Contribuciones Nacionales Determinadas (NDC, por sus siglas en inglés). El cambio de uso de suelo, la principal fuente de emisiones del país, se ha visto agravada por una legislación regresiva que facilita la deforestación, lo que compromete la capacidad del país para contribuir a los objetivos globales de mitigación, también en contravención a otra cláusula del mencionado acuerdo comercial[5].

También existe una escasa implementación de políticas públicas, como el Plan Nacional de Acción sobre Empresas y Derechos Humanos (PNA), cuya implementación ha sido muy débil. En efecto, a falta de información oficial, un reporte de 2023 de la sociedad civil[6], verificó que solo se implementó el 10 % de sus metas, pese a que varias de ellas están orientadas precisamente a incorporar la conducta empresarial responsable y fortalecer los mecanismos de participación ciudadana, consulta previa y monitoreo ambiental. La ausencia de presupuesto específico y del liderazgo institucional del órgano rector, el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, refleja una clara falta de voluntad política para cumplir con estos compromisos.

Frente a esta situación, resulta imprescindible que los mecanismos del acuerdo comercial con la Unión Europea sean activados debidamente para exigir, con la plena participación de la sociedad civil, el cumplimiento de los compromisos ambientales asumidos. Esto debe servir para generar un plan de trabajo u hoja de ruta acordadas con el Estado peruano, que contenga medidas específicas, indicadores, metas y mecanismos de evaluación que garanticen corregir la flexibilización de la política pública ambiental peruana, en tanto vulnera gravemente los derechos humanos de las personas y los derechos de la naturaleza.

 

 

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Perú profundiza retrocesos ambientales que ponen en riesgo el Acuerdo Comercial con la Unión Europea

Lima, 01.12.2025. Diversas organizaciones de la sociedad civil como parte del Grupo Consultivo del Acuerdo comercial con Unión Europea advirtieron hoy que el Perú está atravesando un proceso sistemático y acumulativo de flexibilización de su normativa ambiental que afecta la Amazonía, la gobernanza forestal, los derechos de pueblos indígenas y el cumplimiento de los compromisos asumidos en el Acuerdo Comercial con la Unión Europea (AC-UE).

 

 

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Retrocesos ambientales arriesgan acuerdo con UE

Servindi, 2 de diciembre, 2025.- El retroceso permanente de Perú en política ambiental pone en serio riesgo el Acuerdo Comercial con la Unión Europea (AC-UE) advirtieron el lunes 1 de diciembre organizaciones de la sociedad civil.

Se trata de un patrón sistemático y acumulativo de flexibilización ambiental que afecta las obligaciones asumidas por el Perú con la UE, de manera especial en el capítulo de Desarrollo Sostenible.

El AC-UE compromete al Perú a mantener altos niveles de protección ambiental, evitar retrocesos normativos para incentivar inversiones, promover el manejo sostenible de los bosques y mejorar sus climáticos (arts. 268, 273, 275 y 277).

Sin embargo, el Perú viene haciendo todo lo contrario.

Organizaciones que forman parte del Grupo Consultivo del Acuerdo comercial con Unión Europea alertaron que el Perú está en un proceso sistemático y acumulativo de regresión ambiental.

Este patrón sistemático está quebrando la estructura ambiental y generando perjuicio a la Amazonía, la gobernanza forestal, los derechos de los pueblos indígenas y el cumplimiento de los compromisos asumidos en el AC-UE.

La Unión Europea ha establecido estándares estrictos en materia ambiental y climática en su política comercial. El debilitamiento sistemático del marco ambiental peruano pone al país en una situación de incumplimiento creciente y compromete la confianza entre las partes.

Integrantes de la Red Peruana por una Globalización con Equidad (RedGE), MOCICC, DAR y Proética coincidieron en que estos retrocesos “no son hechos aislados”.

La regresión ambiental forma parte “de un patrón que debilita la capacidad del Estado para proteger el ambiente, fiscalizar actividades extractivas y combatir el crimen organizado vinculado a economías ilegales”.

Enfatizaron que Perú necesita recuperar la ruta del cumplimiento, fortalecer sus instituciones y garantizar una participación ciudadana real, autónoma y sin restricciones. El comercio con la UE no se debe construir a costa de los derechos, los bosques y el clima, invocaron.

Vanessa Cueto, presidenta de Derecho, Ambiente y Recursos Naturales (DAR) alertó sobre la delegación de facultades al Poder Ejecutivo pues “existe el riesgo de nuevas medidas regresivas que profundicen este patrón de debilitamiento ambiental”.

Ana Romero, coordinadora ejecutiva de la RedGE, destacó que el patrón de retrocesos “envía un mensaje muy negativo a la UE” y puede afectar la credibilidad del país.

“Y si además se restringe el trabajo de sociedad civil a través de normas como la Ley APCI, se pone en riesgo el único mecanismo que tiene la UE para verificar si el Perú está cumpliendo”, señaló Romero.

Las organizaciones advirtieron que el país necesita retomar la ruta del cumplimiento y fortalecer la institucionalidad ambiental para evitar mayores impactos sobre la Amazonía y sobre las comunidades que dependen de ella.

Medidas regresivas

El Congreso de la República y el Poder Ejecutivo aprobaron en años recientes medidas legales y reglamentarias que han debilitado pilares esenciales del marco ambiental peruano.

Con el pretexto de “reactivar la economía” o “acelerar la inversión” se han expedido normas como la Ley 31973, promulgada en (enero de 2024, que modifica la Ley Forestal y de Fauna Silvestre.

Dicha norma calificada por sectores ciudadanos como Ley Antiforestal traslada la aprobación de la zonificación forestal del Ministerio del Ambiente al Ministerio de Agricultura, reduciendo el enfoque ecosistémico.

Además, suspende la obligación de contar con zonificación forestal para otorgar títulos habilitantes y permite legalizar la deforestación previa en predios con constancias de posesión.

La norma se expidió a pesar de la oposición de diversas entidades como el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR), Poder Ejecutivo, embajadas europeas, relatores de la ONU y organizaciones indígenas.

Los cuestionamientos advirtieron que dicha ley facilita la apropiación de territorios, agrava la deforestación, incrementa el riesgo para defensores ambientales y contradice los compromisos climáticos del Perú.

Pero más allá de la Ley Antiforestal desde 2014 Perú aprobó otras normas que reducen las capacidades de fiscalización ambiental, limitan las sanciones administrativas y debilitan el Sistema Nacional de Impacto Ambiental (SEIA).

Es el caso de la Ley 30230 conocido como la Ley del “paquetazo ambiental”, que modifica el Registro Integral de Formalización Minera (REINFO) y otros decretos que generan incentivos perversos para la minería ilegal e informal.

No solo se restringen herramientas judiciales para perseguir delitos ambientales sino que además se reduce la participación ciudadana en la certificación ambiental.

Efectos acumulativos

El debilitamiento estructural ambiental afecta directamente la capacidad del Estado peruano para cumplir sus compromisos climáticos, conservar la biodiversidad, proteger a los pueblos indígenas y prevenir delitos ambientales.

La deforestación -que ya avanzaba a un ritmo promedio de 132.000 hectáreas por año- se ve potenciada por las nuevas normas.

La criminalidad ambiental opera con mayor facilidad: la tala ilegal, el tráfico de tierras y la minería ilegal encuentran vías para evadir controles, lo que ha sido advertido incluso por la Unidad de Inteligencia Financiera.

Este escenario no solo vulnera tratados ambientales internacionales, sino que compromete el principio de no regresión, fundamental en el capítulo de Desarrollo Sostenible del AC.

Vigilancia debilitada

Aunque el AC-UE contempla mecanismos de participación ciudadana -como el Subcomité de Comercio y Desarrollo Sostenible y los Grupos Consultivos Internos (GCI)-, en el caso peruano estos no funcionan adecuadamente.

El Perú decidió reemplazar el GCI por espacios ya existentes que no fueron creados para el TLC, carecen de autonomía y representatividad, y no permiten un seguimiento adecuado de los compromisos ambientales.

La situación en Perú contrasta con lo que ocurre en Colombia y Ecuador, que sí han creado GCI ad hoc para el acuerdo con la UE.

Riesgos para la supervisión independiente

La reciente Ley APCI que modifica el marco legal de la Agencia Peruana de Cooperación Internacional aumenta el riesgo de restringir o debilitar el trabajo de organizaciones de la sociedad civil que monitorean la política ambiental y el cumplimiento del AC-UE.

El acuerdo comercial reconoce de manera explícita el rol de la sociedad civil como parte de los mecanismos de vigilancia y cualquier limitación al trabajo de organizaciones no gubernamentales pone en riesgo esta función.

Su expedición, reglamentación y manejo puede generar tensiones diplomáticas y afectar la credibilidad del Perú ante la UE, más aún considerando que el propio tratado habilita a la sociedad civil europea y andina a elevar preocupaciones sobre retrocesos.

Delegación de facultades: un momento crítico

La discusión actual sobre delegación de facultades legislativas al Poder Ejecutivo abre un riesgo adicional: si el Ejecutivo utiliza estas facultades para aprobar más medidas de flexibilización ambiental, el patrón regresivo podría profundizarse.

Varias carteras –como Energía y Minas y Agricultura– han mostrado interés en reducir requisitos ambientales bajo el argumento de acelerar inversiones. Este contexto exige máxima vigilancia, transparencia y control ciudadano.

 

 

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